LAS ZAPATILLAS DE MAXI

Libros, discos, arte y cerezas en Plasencia.

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Hace tanto que no tocaba el tema que he creído conveniente aclararlo. Este blog se llama Las zapatillas de Maxi porque ese es mi calzado favorito para pasear y disfrutar de mi tiempo libre. Estos meses ha habido poco de paseo al margen de las rutinas diarias que nos ha permitido el confinamiento, pero en mi primera excursión fuera de Madrid me he desquitado.

Otro punto: este post no es una guía de viaje y solo pretende mostrar mi experiencia en un lugar determinado y en los rincones que me interesaron de él.

El destino surgió del deseo de conocer una librería (es verídico) y se materializó en una conversación que pudo ser así

  • ¿Conoces Plasencia?
  • No, pero me han hablado muy bien de su Parador y su entorno.
  • ¿Hay cosas interesantes que ver?
  • Claro, tiene Catedral, acueducto medieval, muralla y es, como toda Extremadura, un lugar donde se come muy bien, pero… ¿qué te ha dado con Plasencia?
  • Bueno…verás, hay una librería….

No me gusta incluir imágenes que no son mías en el blog, pero estoy obligado a homenajear a las zapatillas (que no ha quedado como para salir en una foto) que me acompañaron en un fantástico fin de semana de Paradores, libros, caminatas y cerezas en otra de mis escapadas (y ya van varias) a la nunca lo suficientemente reivindicada Extremadura.

Viernes tarde en Plasencia

Es un municipio en el norte de Caceres, muy cerca del valle del Jerte y de la comarca de La Vera, que ya visité en una anterior encarnación de este blog y que ha quedado debidamente exportada aquí. En aquella entrada ya hablaba maravillas de los Paradores Nacionales y en esta última escapada he podido pernoctar en otro más, van 3, de los 5 que hay en la provincia. ¿Qué podría añadir sobre los Paradores que no se haya dicho ya? Me entusiasmo cuando llego a cualquiera de ellos. El de Plasencia ocupa un antiguo convento del siglo XV, de San Vicente Ferrer, y las reformas que lo han convertido en hospedaje han respetado su arquitectura gótica original, con amplios pasillos, arcos, patios y un impresionante claustro.

Hay que agradecer en tiempos tan difíciles como los que vivimos, la calidad del servicio ofrecido y el escrupuloso respeto a las medidas de seguridad que encontramos en todas las estancias del Parador. Sé que se deben dar por hecho, pero en la situación precaria en la que los hoteles abrieron en su primera semana después de un largo confinamiento hay que celebrar que todo funcionase correctamente.

A pocos metros del Parador se encuentra un buen ejemplo de románico tardío, con modificaciones posteriores, (como echo de menos a mi mentor románico cuando salgo de paseo) en la Iglesia de San Nicolás, del siglo XIII. Tomando la misma calle que sale de la plaza donde se encuentra la iglesia hacia la Plaza Mayor se encuentra la excusa del viaje. No, no es una de mis entradas de libros, pero incluyo mi cuadro amarillo para resaltar…

La puerta de Tannhäuser
Rúa Zapatería, 22. Plasencia. puertadetannhauser.es

Hay gente totalmente ajena, no la culpo, a las redes sociales pero sus puntos oscuros no deben ocultar sus aciertos. De no existir Instagram o Facebook yo no hubiese conocido esta librería. Un viaje a Plasencia quizás lo hubiese propiciado, pero no olvido que este viaje se realizó precisamente por mi afán por conocerla. “librería para replicantes” es ya de por sí un reclamo para cualquiera que, como quien escribe, sea fan de Blade Runner.

Abrieron en 2011, tienen premios por el fomento de la lectura y un decidido carácter independiente. Para los que conozcan Madrid, es como si cualquiera de las librerías de Malasaña estuviese en una ciudad de poco más de 40.000 habitantes en lugar de en una gran capital. Eso es lo particularmente meritorio, lanzarte a lo poco convencional es mucho más sencillo en una gran ciudad y su éxito dice mucho no solo de la librería sino del espíritu de Plasencia, algo que confirmé muy poco después.

Si ya iba entregado desde Madrid, cuando llegué parecía que me estaban esperando. Aunque había contactado para conocer el horario, cuando entré no dije a nadie quién era, empecé a revisar estanterías y luego me quedé hipnotizado con un televisor que en la pared del fondo emitía sin sonido una película.

Hace poco comenté que la japonesa Akira era un filme animado tan perfecto que lo tendría continuamente en un plasma colgado del salón. Entrar en el local, verlo lleno de libros, su logo con Rachel de Blade Runner encima del mostrador y la proyección de la mencionada película al fondo… ¡MI LUGAR EN EL MUNDO! Ni a propósito alguien puede conseguir que nada salga tan perfecto, que me pueda sentir tan bien en un local comercial y que una experiencia pueda ser más grata.

Es un lugar para pasar horas toqueteando y curioseando por sus estanterías donde claro que hay Best Sellers pero sobre todo un catálogo muy afín a lo que defienden en su web, libros que no se pueden encontrar en todos lados. Os animo a visitarla pues las fotos no hacen, como casi nunca, justicia.

Me llevé de allí algo de Marvel, algo de Zweig y también de Hollinghurst pero sobre todo una experiencia realmente buena. Volveré, ya encontraré la forma de hacerlo. Sé que tengo miles de librerías que conocer aún… ¿Pero qué esperanza tenemos los replicantes cuantos hay tantos Dekcards sueltos por ahí? Hay que ir allí donde nos den cobijo.

Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir

El resto de la tarde lo pasé paseando por Plasencia y descubriendo la ciudad. En la semana del orgullo gay la bandera ocupaba parte del balcón del ayuntamiento, cosa que aplaudo, pero ni la bandera ni los lazos pueden quitar protagonismo al verdadero reclamo de la fachada: el Abuelo Mayorga situado junto a la torre del palacio municipal. Aquí os dejo como conocer su historia.

Tiene la ciudad una agradable plaza mayor que invita, seguro, a un masivo aperitivo los fines de semana. Tomarse algo allí es casi una obligación. Después de cenar en El Parador, nunca fallan, salimos a ver como vivía una pequeña población una de las primeras noches de libertad después del confinamiento.

La noche, como todo, se ha resentido y eso se nota en grandes y pequeñas ciudades. Los bares nocturnos abren con muchas restricciones, pero hacen lo que pueden por mantener viva la vida nocturna de la ciudad. Una noche agradable de finales de junio invita al paseo y esta vez mis zapatillas me llevaron por buen camino (como me conocen) a otro lugar del que me he traído un buen recuerdo y nuevos amigos en Instagram.

Hay en Plasencia un local que se llama Underground que es un paraíso para cualquier amante de la música. Un mismo local que es bar y tienda de discos ¿se puede pedir más? Me llevé la edición en vinilo de Diamond Dogs de Bowie y de Hope & Fears de Keane y me tomé una cerveza mientras escuchaba buena música rock.

Compartiré este post y los chicos de Underground conocerán este blog para descubrir espantados que quien escribe es fan de Madonna, amante del pop y asiduo de la ópera por mucho que se esté cultivando en un reto para escuchar y apreciar todo tipo de música. Me disculparé comentando que en la silenciosa lucha que existe ante la corriente actual de música latina (no toda), locales como este son refugios seguros hasta para los más poperos. Tomarme una cerveza escuchando rock duro, progresivo o heavy es un triunfo y un zasca en toda regla para todos aquellos que te dicen…si no escuchas regueton ¿Qué escuchas?

La puerta de Tanhauser y Underground imprimen a la vida social de la ciudad un carácter diferenciador sin tener que caer en lo que llamamos gentrificación. Están totalmente integrados en la ciudad y mejoran su entorno sin tener que cambiarlo. A lo que me refiero es que no hay una tienda de cupcakes o un Cereal Hunter junto a ellas. Si estáis por Plasencia, os tenéis que acercar. Sino podéis, siempre tenéis internet.

Sábado en Hervás y Plasencia.

Hervás en una población que se encuentra a 28 kilómetros de Plasencia y es visita obligada cuando se está por la zona. Es una pequeña población que sirve como centro administrativo del valle del río Ambroz y es famosa por su barrio judío.

Sus habitantes ya estarán hartos de oír cómo los visitantes de fin de semana dicen “qué bonito” en cada una de sus estrechas calles con vistosos balcones floridos, pero es que es la pura realidad. Merece mucho la pena pasearse por las calles de un barrio que parece literalmente congelado en el tiempo.

Cerca de Hervás hay una caída de agua, sobre el río Ambroz, de casi 30 metros de altura y no tuvimos mejor idea que preguntar cómo se llegaba hasta allí. Desde este punto del relato encontraréis todo lo que NO se debe hacer cuando se emprende una ruta y cómo juzgar con ligereza la sensatez de la gente puede jugar en tu contra. Siempre que veo a gente haciendo deporte bajo el calor digo que son unos irresponsables y voy yo y emprendo a las 13.00 horas una ruta de montaña, sin agua y sin el calzado adecuado, si, con esas zapatillas que están en el inicio de este post.

Lo que en principio era un paseíto agradable en la inmediación de un pueblo encantador, se convirtió en una dura ruta no apta para los no iniciados. El paisaje es realmente bonito y encontramos bosques de robles, castaños, helechos, puentes, impresionantes vistas y, por supuesto, otros caminantes bien preparados. Subir una montaña, por muy preparada que esté la subida, sin el equipamiento necesario es una locura. Aunque he leído por ahí que ésta es de dificultad media, son casi 14 kilómetros de ida y vuelta de subidas y bajadas por lo que no aconsejo para nada hacerlo tal y como iba yo. Eso sí, el esfuerzo se impuso a la insensatez y recibí mi premio: ¡llegué a la Chorrera y quedé impresionado! Las fotos hablan por sí mismas.

Una vez bajamos de la montaña y tras reponernos en una agradable terraza de Hervás. volvimos al Parador para disfrutar de la tarde Placentina. No pudimos entrar en la Catedral, no había abierto aún, y vimos su acueducto medieval cuando nos íbamos así que volvimos a disfrutar de sus calles y rincones.

En uno de ellos encontramos esta curiosa escultura, cada pliegue, la mitad del que está de pie y el cuerpo de quien tiene enterrada la cabeza impresiona tanto que parece que está en movimiento. Varias veces pase por delante de la obra y todas las ocasiones me atrapó.

He encontrado en internet que se llama escena 3, que está realizada por Antonio Moran y su hijo Carlos y que forma parte de una secuencia de 5 que resultó ganadora de un concurso en 2010. ¿Su significado? Los autores dejaron la interpretación a cargo del espectador, un acierto que nos puede dejar un rato largo pensando en la obra. En la misma plaza, el restaurante Amalu, nos dio de cenar estupendamente y cerramos nuestro periplo con otra cerveza en el Underground, ya que tenía que aprovechar volver a tomar algo en un sitio que me volverá costar encontrar.

¿Conclusión? Mi primera escapada tras el confinamiento fue fabulosa y llena de buenos recuerdos. Con precaución también se viven buenos momentos. Nunca me cansaré de decir que los que no conocéis Extremadura, no sabéis lo que os estáis perdiendo.

Quiero terminar esta entrada agradeciendo a todos los que nos atendieron estos dos días, a los chicos del Parador, a los del bar de Hervás que nos atendieron tras la ruta, al camarero simpático del Amalú, a los chicos de la Puerta de Tannhauser, a los del Underground y a la chica que clavó el tiempo en recorrer desde Hervás a La Chorrera ¡Gracias a todos!

No hay fotos de cerezas del Jerte porque cuando me acordaba ya me las había comido. Sed clementes: mi primer post editado 100% desde un móvil.

Gracias por leerme

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