Un blog es una cosa ya antigua pero, yo que soy un clarísimo exponente de la generación X, que lee aún periódicos en papel (que llevan amenazando con desparecer años) y que conserva su colección de CD’s y vinilos intacta, ya soy antiguo así que sé que estoy haciendo algo absolutamente coherente.

Son momentos de inspiración repentina las que me impulsan a escribir. Suele ser cuando de repente todo se para y tienes tiempo de pensar, de crear algo en tu cabeza y de querer compartirlo de alguna manera aunque el foro sea muy pequeño. Quiero guardar por escrito este fin de semana de principios de marzo como uno perfecto en el que solo hago cosas que me gustan y que te recargan para afrontar la nueva semana.

Madrid, esa ciudad que es amable y hostil a la vez, prohibitiva y accesible, elitista y vulgar y otras tantas cosas que son buenas y lo contrario a la vez, es decididamente una fiesta continua. Alguien con una agenda libre y buen bolsillo podría tener cada día de la semana un plan ya que todas las noches tienen su aquel y un jueves, con la proximidad del fin de semana, mucho más.

Los chicos de Jenesaispop montaron la grabación de su podcast “Revelación o Timo” en la mítica sala El Sol, en la calle Jardines número 7, muy cerquita de La Puerta del Sol. Bajar las escaleras de esa sala es muy evocador a otros tiempos. Es como una magdalena de Proust (si toda la literatura actual mete cuando le viene bien el dichoso bollito ¿por qué no lo habría de hacer yo?) que te invita a revivir conciertos, sesiones y noches con diferente fin a lo largo de los años (muchos). El tardeo ha arrasado con casi todo pero todavía quedan lugares donde los noctámbulos con cierta edad y muchas ganas pueden pasarlo bien.

Dos grandes. ¡Soy Fan!

El tema del podcast era el fenómeno fan. Claudio y Sebas tienen una gracia especial para desgranar temas de la nada. Son muy buenos cuando entrevistan a alguien o fijan la atención en un lanzamiento o en la carrera de alguna estrella, pero se crecen cuando tocan temas menos concretos y más dados a la interpretación, de esos en los que todo el mundo tiene una opinión. A favor, en contra, porque lo hemos sido o porque no, todos sabemos lo que es un fan. Nos hemos reído de quien lloraba por su ídolo o hemos defendido con vehemencia la actitud o talento de los nuestros, así que el tema dio para un divertido análisis y aún más divertidas anécdotas.

Se tocaron temas de todo tipo pero de entre ellos, el que más nos afecta a ellos y a mí (en caso de afectarnos) es el edadismo: ¿hasta cuándo se puede ser fan de alguien? ¿Por qué un señor de 80 años se puede volver loco con un futbolista de 20 y uno de 50 no puede volverse loco por, pongamos, Ariadna Grande? ¿Por qué debo justificarme? Por cierto que la cantante ha sacado un discazo que es absolutamente atemporal, estupendo para cualquier edad. Lo más curioso es que horas después, en la otra punta del mundo, iba a suceder algo que precisamente tiene mucho que ver con el fenómeno fan.

Sí, porque mientras nosotros tomábamos unas cervezas y asediaban a nuestros protagonistas con felicitaciones y fotos, a muchos kilómetros de allí, inventémonos nombres, Betty, Ben y Brittany volvían a mensajearse para confirmar como ir al concierto que llevaban meses esperando y por cuyas entradas habían pagado el salario de una semana.

Betty, Ben y Brittany llevaban semanas hablando del tema, fantaseando con el set list que no habían querido averiguar de antemano, lo que se iban a poner, quien se encargaba del Uber y hasta que iban a comer ese día.

Así que horas después de que en Madrid Sebas y Claudio desgranaran con habilidad el fenómeno fan, nuestros tres habitantes de Los Ángeles entraban emocionados en el Kia Forum de esa misma ciudad para reunirse con la chica material, la ambición rubia, Madame X, Evita, Dita y todas las encarnaciones de la reina Madonna, que seguramente los recibió al ritmo de Nothing Really Matters con más de una hora de retraso.

Ninguno de ellos sabía lo que iba pasar en el concierto así que los tres entraron en colapso cuando La Reina invitó al escenario a subir a La Princesa, y el sueño húmedo de millones de fans de ambas se hizo realidad.  Puede que para el que me lea, esto carezca de interés y es en sí misma una noticia muy frívola, pero para el fandom que lleva años siguiéndolas a la dos y rogando por una colaboración entre ambas, ver a Madonna y a Kylie Minogue juntas en un escenario es algo cercano al éxtasis. Yo, que la vi en Barcelona el otoño pasado, hubiese necesitado atención médica.

El viernes por la mañana las redes sociales ardían, bromeábamos incluso con la incapacidad de trabajar ante la magnitud del evento mientras navegamos para poder encontrar la mejor imagen de un momento muy esperado. Obviamente, mi vida no ha cambiado, el viernes fue un día laboral normal, con mis tareas habituales, mis reuniones y mis informes, pero todo lo hice con una media sonrisa, como si ese hecho, tan nimio en realidad, te alegrase el día.

La casualidad quiso que al salir de la sala El Sol y caminar por una Gran Vía, que nunca está lo suficientemente vacía, me comprase una de esas revistas extranjeras dedicadas a un cantante o grupo en exclusiva y que horas después me llegase cierto disco en edición de vinilo. Adivinen ustedes a las protagonistas.

Va de divas.

El sábado me encerré en la lectura de Los Guapos, de Esther García Llovet, que a la postre ha sido mi libro del fin de semana. Es una novela corta que completa con Gordo de Feria y Spanish Beauty, una especie de trilogía sobre esa España tan de excesos que suena a broma pero no lo es. Solo hay que ver cuando se construye un túnel en el que no caben trenes o el tema de las mascarillas, otra de esas chapuzas tan españolas como la tortilla, la paella o la sangría que beben los turistas y nosotros no. Unos círculos de cosecha, de esos que tanto gustan a los buscadores de extraterrestres, aparecen en El Saler, Valencia y ¿Qué puede hacer un buscavidas con una información así? Pues montar un festival ¿Qué puede salir mal?.

Editados por Anagrama

También tuve tiempo de ir al cine. Después de una semana pegado a Kinótico enterándome de los pormenores del Festival de Cine de Málaga tengo ganas de ver todas las películas de las que han hablado en su podcast diario dedicado al evento y una de ellas se estrenada este mismo fin de semana.

Los pequeños amores, en cines desde el 8 de marzo

Los pequeños amores, de Celia Rico Clavellino, es una película, perdonen la redundancia, pequeña que cuenta la relación entre una madre, Adriana Ozores y su hija, María Vázquez. El espectador se siente identificado en diferentes momentos de la película por lo acertados que son algunos diálogos entre las dos y lo próximos que nos resultan los mini-conflictos que se plantean. Sé que no es una película de gran público pero a mi me funciona, me gustan mucho ellas y me hace un guiño personal incluyendo una canción de Family en el metraje.

Al salir comentamos los pros y contras del cine costumbrista, de ese en el que no pasa nada más (y nada menos) que la vida. Hay quien prefiere no pagar por ver una realidad que ya tiene en su día a día pero en mi caso me sirve para verla desde fuera y unas veces reconforta y otras remueve pero siempre interesa. Para mi es un rotundo sí.

Y llegó uno de los domingos más esperados del año.

Después de seguir a pies juntillas toda la temporada de premios, revisar el palmarés de cada festival de 2023 y de ver prácticamente todas las películas nominadas, llegó el domingo de los Oscars.

Pero antes, para desengrasar, una visita al Teatro Real para ver la ópera La Pasajera de Mieczysław Weinberg, un estreno en Madrid y dedicado a la memoria de Gerard Mortier, que fue un polémico director del teatro pero al que es imposible restarle el merito de haber situado al mismo entre uno de los mejores de mundo.

Es una ópera contemporánea, basada en la novela homónima (1962) de Zofia Posmyszen, entrenada en 2006, que trata sobre los horrores del holocausto y sus consecuencias. La mujer de un diplomático alemán cree ver entre los pasajeros de un barco a Marta, una prisionera de Auschwitz cuando ella era una de las guardianas de aquel infierno.

Contada mediante flashbacks vamos asistiendo a la banalidad del mal, la de esos verdugos que creen merecer el perdón de sus victimas por haber sido piadosos, o eso creen, con ellos. Desconocen el horror del que han formado parte y no creen haber adoptado ninguna posición incorrecta. Un argumento que recuerda a La Zona de Interés, la magnífica película de Jonathan Glazer, ambientada en el mismo campo y que cuenta la historia desde el punto de vista de los opresores. Una de las películas que más me ha impresionado en años.  

Su música, contemporánea y que un no-entendido puede sentir como muy cinematográfica y un montaje apabullante pero que no distrae, la convierten en una de las sensaciones del año en Madrid y en una de las mejores de la temporada, que viene siendo, digámoslo con suavidad, algo dura.

único momento donde sacar fotos, los aplausos.

A las 0.00 del lunes 11 de marzo, una hora antes de lo habitual, empezó la ceremonia de los Oscars. Más breve que otros años y con decisiones cuestionables: mencionar los honoríficos en un pasillo o remitir a internet para ver a muchos más fallecidos (literal), la ceremonia sirvió para encumbrar a Christopher Nolan y su mastodóntica Oppenheimer.

Era la favorita y aplaudo cada una de sus siete estatuillas. Barbie no salió tan bien parada, Billie Eilish se llevó su segundo Oscar y lo cierto es que ambas películas ya han conseguido el mejor de los reconocimientos: haberse convertido en fenómenos de público. El Barbenheimer, que ha devuelto a la gente a los cines, ha provocado una sana rivalidad, tiene entrada propia en la Wikipedia y ha demostrado que no solo de Marvel vive la industria.

Poor Things se queda con 4 premios que si fuera por mí, no hubiese tenido. Es una película que no me parece mala pero justo la estética es lo menos me gusta. Si es una película sobre la liberación femenina ¿por qué lo llevamos a un mundo de fantasía? ¿No merece la historia un París o un Londres real? Tampoco era Emma Stone mi favorita, pero bueno es obvio que la película ha gustado mucho a los académicos.

Más contento estoy con los premios a los guiones, American Fiction y Anatomía de una Caída, la película internacional y el sonido a La Zona de Interés, de la que he hablado más arriba, el de animación para El Chico y la Garza, los efectos especiales de Godzilla Minus One y la estupenda secundaria de The Holdovers, película con polémica por temas de plagio.

El maestro Scorsese y el otro maestro, Bradley Cooper, se fueron de vacío y lo mismo pasó con Vidas Pasadas, mi película favorita pero que contaba con tan solo dos nominaciones.

Mi top 5 de momentos de esta ceremonia:

5.- La entrega por parte de 5 actores y actrices de los premios del gremio.

4.- La aparición de Arnold Schwarzenegger y Danny DeVito entregando un premio.

3.- El discurso del ganador del largo documental 20 días en Mariupol. Emocionante primer Oscar para Ucrania.

2.- El montaje homenaje a los especialistas.

1.- I’m just Ken, Ryan Gosling es un 10 en todos los aspectos.

Y así, poco después de las 3 (hora peninsular) acabó mi estupendo fin de semana. No olvidéis que quien escribe esto es más un entusiasta que un erudito.


Feliz semana.

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