LAS ZAPATILLAS DE MAXI

Antes de nada comentar que no se trata de un post de viaje en sí mismo porque el motivo del mismo no era turístico, por lo que para buscar información más correcta sobre el lugar (o lugares) que comentaré en esta entrada, diríjanse a páginas especializadas en el tema.

Hay muchos lugares en el mundo que me quedan por conocer, y tengo una lista amplia con aquellos que espero visitar algún día, pero entre ellos no estaba la isla de Madeira, Portugal, un lugar que siempre me ha suscitado curiosidad, pero nunca tanta como para elegirlo para un viaje. Una de esas amistades que aguantan bien el paso de los años decidió cambiar de vida y empezar de cero allí y es allí, en una isla en pleno Océano Atlántico, donde decidió casarse lo que supuso una oportunidad única para que yo la conociera.

En verano existen vuelos directos Madrid – Funchal (Madeira) pero en temporada baja la escala obligatoria es Lisboa. Aunque otros invitados sufrieron percances, nuestro primer vuelo fue impecable en tiempo y forma. Me dejaron la ventanilla y pude ver Madrid rodeado de un mar de niebla (toma cursilería) y una espectacular llegada a Lisboa que me permitió hacer esta foto.

LISBOA
Lisboa vista desde el cielo

Eran las 8 de la mañana cuando aterrizamos en Lisboa y, con una hora de escala, aproveché para tomarme un café en mi adorado Starbucks y empezar a leer el libro que me acompañaría todo el viaje y que finalizaría a la vuelta: El rey recibe, de Eduardo Mendoza (muy recomendable). Las estrecheces impidieron que durmiera, pero si lo hizo nuestra compañera de viaje que se quedó frita encima de la bandeja.

Dormir en Avión
(Abrir la bandeja y posar la cabeza…todo es ponerse)

El aterrizaje en Madeira es tal y como está descrito en los programas sensacionalistas que hacen listados sobre los aeropuertos más peligrosos del mundo. A un lado de la pista hay un acantilado y al otro el mar, un terreno difícil al que hay que añadir el viento. Este vídeo resulta muy ilustrativo.

Eso sí, en tierra tienes la recompensa de llegar al único aeropuerto del mundo que tiene el nombre de un futbolista vivo: Cristiano Ronaldo. No soy fan del muchacho, pero tampoco, si lo pienso, me ha hecho nada personal pues yo del fútbol pasó bastante así que me parece una curiosidad simpática que la isla le haya dedicado su aeródromo. La gente busca al bajarse del avión, he sido testigo, el legendario busto que ha dado la vuelta al mundo.

Cristiano Ronaldo
El busto de Cristiano Ronaldo (corregido). Aeropuerto de Madeira.

Mi primera reflexión al llegar a la isla fue pensar que, si las autoridades de Madeira compraron una tuneladora para adaptar las carreteras a la curiosa geografía de la isla, la han amortizado con creces. El camino a Calheta, el lugar donde nos quedaríamos los tres días está plagado de largos túneles que, curiosidad isleña, acaban siempre en una rotonda que tiene en una de sus salidas un nuevo túnel.

Madeira Post

La perla de atlántico, como también la llaman, tiene algo más de 700 kilómetros cuadrados y unos 270.000 habitantes y al visitante español, muy dado a buscar lugares comunes, la compara con las Islas Canarias o con algunos parajes de Galicia. Si mezclamos esos dos conceptos nos podremos hacer una idea, que nunca será completa, de cómo es una isla que, también, es famosa por no tener playas.

Funchal es la capital y, por volver a eso de las comparaciones, me recuerda en su configuración a algunos pueblos de la Costa Azul. Tiene una modesta pero antigua Catedral de mezcla románico y gótico, que estaba cerrada por la tarde y que, por tanto, no pudimos visitar, y las calles que lo rodean poseen el encanto de cualquier pueblo costero con ese aire encantadoramente decadente que tienen otras ciudades portuguesas.

Lo que más me gustó no fue el cuidado litoral de la ciudad y su puerto, sino sus parques y jardines donde pude apreciar por primera vez una de las joyas de la isla: su vegetación.  La humedad ayuda a tener una vegetación muy colorista y salvaje poco frecuente en la península. No soy experto en plantas, pero no dejé de asombrarme y detenerme en cada una que me llamaba la atención (A ver si inventan una aplicación que apuntando a la planta te diga de que especie se trata). La estrella es el platanero, protagonista absoluto de la flora de la isla. Además de un Jardín Botánico del que hablan maravillas, y el museo dedicado a la estrella local, lo que recomiendan todas las guías es perderse por sus calles y disfrutar de sus cafés, y eso hicimos.

Uno de los puntos obligados de visita es el Cabo Girão, que, como Funchal, está situado en la costa sur. A 580 metros sobre el nivel del mar, una plataforma con suelo semitransparente nos ofrece unas de las más bonitas vistas que se pueden tener desde la isla.

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Atardecer desde Cabo Girão
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Funchal

Calheta es otro municipio de la isla en cuyo litoral encontramos un coqueto puerto deportivo rodeado de hoteles y restaurantes. Es la zona donde teníamos el hotel y donde vivimos las mejores experiencias del viaje.

Madeira 3
Calheta

Cuando haces un viaje marcado por un evento, te queda poco margen para aquellas actividades ajenas a él. Un enlace al que asistían invitados de muchas partes del globo obligaba a una serie de actos previos que, desde mi punto de vista, resultaban ineludibles. Comidas, cenas, reuniones…a los que acudimos gustosos y sin rechistar pero que nos dejaron algún margen para seguir conociendo la isla.

Infinity Pool
Infinity pool del Savoy Saccharum. Un lujo asequible por una estupenda tarifa que conseguimos en booking.com reservando con meses de antelación.

Por recomendación de uno de los chicos del magnifico hotel Savoy Saccharum (al que voy a dar una nota altísima en TripAdvisor) no hicimos una de la excursiones claves, a ver las preciosas cascadas de su parque natural, porque,  como él nos advirtió, no llegaríamos a la comida si queríamos apreciar de verdad el lugar. Optamos entonces por conocer la parte más elevada,  la meseta Paul da Serra.

IMG_9974Paul da SeraPaul da Serra II

En el camino que nos llevó de Calheta al comentado destino pude apreciar de verdad lo maravillosa que es Madeira. Un camino que, por momentos, parecía desafiar la ley de la gravedad y que, siempre, estaba acompañado de un acantilado a uno de los lados, me permitió observar sus bosques y su vegetación, llena de plataneros y helechos, con flores de mil colores y arboles de miles de verdes distintos. Paramos varias veces a observar lo que nos rodeaba aunque, según subíamos, las nubes nos impedían ver más allá del complicado camino.

Una vez en la cima, dejamos las nubes atrás y nos encontramos un cielo azul que cubría una amplia meseta, el lugar más llano que encontramos en la isla. Está atravesada por una carretera muy recta y nos encontramos molinos de electricidad eólica, único elemento que nos impedía ver el lugar como un desierto de esos de las películas de vaqueros.  En esta meseta se encuentra el punto más alto, el pico Ruivo do Paul, que se encuentra a más de 1600 metros. Allí constatamos cual es el atractivo turístico por antonomasia de esta isla: el senderismo.  Encontramos un montón de rutas que hacen las delicias de todos los aficionados al trekking y que permiten disfrutar de la naturaleza de una manera absoluta.

Al salir de Paul de Serra,  algo muy apetecible en un viaje de este tipo : nos perdimos, eso sí, con buen tino porque desembocamos en otro de los puntos importantes, Porto Moniz. Pero antes de llegar allí establecimos el paralelismo perfecto con este lugar, lejos de asimilarlo a ninguno existente en Europa, la comparación exacta sería la isla Nubla, el lugar imaginario en el que se desarrollaba Jurassic Park.  Solo hay que ver sus valles para imaginarse a los bichitos de Michael Crichton corriendo de aquí para allá.

Mad 1Miradouro

Camino a Porto Moniz, paramos en un miradouro en que pudimos disfrutar de unas vistas de la parte norte de la isla y del  conjunto de peñascos que se encuentran en la Ribera de Janela.

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Madeira 2

Porto Moniz es famosa por sus piscinas naturales, que debido al tiempo, un soleado noviembre pero poco favorable para un baño, optamos por no disfrutar. Llegaba la hora de comer y el destino era Prazeres, donde habíamos quedado con el resto de los invitados. Con una fabulosa comida tradicional empezaron unas celebraciones que no acabarían hasta que abandonásemos Madeira.

Pazreres Rurais
Comida tradicional. Me encantó.

Y hasta aquí fue la parte turística de un viaje que tenía un cometido más importante que unas simples fotos. Cuando hace uno año J y G decidieron dejarlo todo para comenzar una nueva vida en una isla, nos demostraron a todos los que somos afortunados amigos suyos, que eran un par de valientes. Allí están inmersos en un precioso proyecto que sería el sueño de muchos, un pequeñito y encantador hotel en los acantilados que rodean la isla.

Les Terrasses está en la zona de la Calheta y se trata de un hotel boutique de esos en lo que la experiencia de habitarlos es uno de los puntos fuertes del viaje. Con una decoración exquisita, que podéis ver en su Facebook, y con una ubicación envidiable rodeados de vegetación y con vistas al atlántico, abrirá sus puertas en 2019 y fue el lugar elegido para celebrar en enlace de mis valientes amigos.

Rodeados de los suyos, con un montón de personas que se desplazaron desde distintos puntos de España y del planeta, sellaron el 3 de noviembre un compromiso que, cuesta creerlo, hace unos años era impensable. No solamente les deseo lo mejor, sino que agradeceré infinitamente el fin de semana que me hicieron pasar, uno en el que me ha dolido el estomago de tanto reírme y en el que he conocido a gente estupenda con la que he fraguado amistad. Gracias de verdad chicos.

Les Terrasses 2

Les Terrases
Uno de los balcones de Les Terrasses. Aún quedan flecos, pero está quedando fenomenal.

No me gusta extenderme en lo personal, ni mucho menos colgar fotos ajenas así que me me quedo en exclusiva con una celebración que fue magnífica.

Me queda mucho por ver de la isla, de hecho mucha de las estampas más famosas que se encuentran cuando se teclea su nombre en Google no aparecen en este post pero eso me sirve como excusa para volver y, sabiendo lo bien que me van a recibir, podéis contar que así será.

 

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