LAS ZAPATILLAS DE MAXI

Quiero compartir con vosotros lo que fue un fantástico fin de semana en compañía de amigos y descubriendo una de las zonas más desconocidas y menos publicitadas de nuestra querida España. Cómo me ha quedado muy largo, lo haré en dos entregas (aunque esta primera no me ha quedado precisamente corta) y espero que os sirva de inspiración para posibles escapadas este otoño. Esto (y mucho más) es lo que puede dar un viaje cuyo principal aliciente era acercarnos al Románico Palentino, muestra inmejorable de la historia del arte y uno de los conjuntos artísticos sobre el tema más completos que se pueden encontrar..

Madrid – Aguilar de Campoo.

Salir de Madrid un viernes por la tarde en cualquier época del año es algo que sólo entendemos los que vivimos aquí. Estamos tan resignados a ello que termina por ser un tópico y que convierte a los sistemas de GPS en los reyes de la conversación. Llámese waze o Google maps, estas aplicaciones deberían tener el premio nacional del turismo por los caminos que nos invitan a conocer.

Caminos que, por otra parte, invitan a la curiosidad y también al espanto cuando, de repente uno se encuentra con los engendros artísticos que pueblan nuestra geografía con la excusa de ser rotondas. En un post publicado hace unos años y que detallaba las rotondas más feas del país, podemos encontrar una situada en Burgos que motivó un “Para el coche que tengo que sacar una foto”

Como bien dice Adán, el robot protagonista de Máquinas como yo, de Ian McEwan, “Desde cierto punto de vista, la única solución para tanto sufrimiento sería la completa extinción de la raza humana”. Si Adán existiese, yo mismo tendría que haberle respondido que, como vería en los días siguientes, el hombre es capaz de hacer cosas maravillosas, pero en el momento de pasar por ese monumento, no podría estar más de acuerdo con él.

En unas tres horas llegamos a Aguilar de Campoo, provincia de Palencia, una población de algo menos de siete mil habitantes y que suele ser mencionado como el pueblo que mejor huele de España. Cuentan los lugareños que cuando la fábrica de galletas de Fontaneda se encontraba en el centro del pueblo, aún se notaba más, pero lo cierto es que es ir llegando y notar un dulce aroma cuando en la entrada nos encontramos con una de las fabricas más modernas de España y auténtico motor económico de Aguilar, la de las galletas Gullón.

Con un brevísimo paseo descubrí un pueblo realmente encantador. Muy cuidado y de esos al que sus habitantes deberían estar orgullosos de pertenecer. Aunque sería el centro de mi ruta los siguientes dos días, merece la pena no solo como sitio de paso sino como un lugar donde compartir buenos momentos en un ambiente muy relajado. La fabrica de galletas mencionada un poco más arriba salió enseguida en la primera conversación que tuve con uno de sus habitantes. Para los que vivimos en una gran ciudad siempre es sorprendente descubrir lo que las grandes fabricas pueden condicionar a la población en la que se encuentran, los habrá a favor y los habrá en contra, pero nadie niega el impacto que algo así tiene en un pueblo más o menos pequeño.

Cenamos en el Hotel-Restaurante Valentín, uno de esos lugares que solo aguantan en algunas capitales de provincia y poblaciones del norte. El tiempo parece haberse congelado en un local que, por dimensiones, es difícil encontrar en lugares donde la especulación inmobiliaria arrasa con todo. Se construyó en los años 60 y mantiene intacta esa decoración kitsch que a mi me apasiona. Entré entusiasmado solo al ver la fachada y en el interior no dejé de comentar lo que me gustaba, no sabía que iba a comer, pero yo ya estaba entregado.

Cosas que después de estar entregado hacen que me enamore: acabar una cena con arroz con leche casero. Soy capaz de hacer una ola al camarero que me traiga este manjar que en el norte de España hacen como nadie. Tomé un pescado buenísimo y las mollejas de entrada estaban para llorar, pero dos cosas recordaré para siempre, además de la decoración, un sanjacobo con bacon y setas (que hay que tener valor para tomar) y el postre, ese arroz con leche que recuerdo días después. Magnífica calidad precio en un lugar que deja huella.

El Románico en el entorno de Aguilar de Campoo / 1

Cuando uno se plantea una escapada cultural suele informarse de todo lo que tiene previsto conocer y ese es un trabajo que suele llevar horas si realmente se está interesado. Para este viaje no tuvimos que mover un dedo. Nuestras inquietudes artísticas e históricas quedaron plenamente satisfechas con la guía que el Sr. Del Olmo, no digo su nombre completo por eso de los derechos de autor, nos preparó para dos días perfectos.

Esto que veis en la fotografía superior es tan bueno que me dan ganas de plagiarlo entero para que su autor reconozca la autoría y que, tras denunciarme, la junta de Castilla y León se lo publique. No es que el autor tenga conocimientos, que los tiene, sino que en cada una de las páginas de esta guía vemos una auténtica pasión por defender un legado de incalculable valor.

Busquemos en Google una buena definición: Se denomina románico palentino al patrimonio de arte románico ubicado en la provincia de Palencia. Está considerada la concentración de monumentos románicos más importante de Europa. En poco más de tres líneas encontramos la excusa perfecta para emprender una ruta llena se sorpresas.

Prestad atención al siguiente mapa

Nota: en la guía del Sr. Del Olmo hay muchísima información de cada una de las visitas que vienen a continuación. No las he reproducido porque ni soy un experto en arte ni quiero fusilar lo que otros han hecho con tanto esfuerzo, pero los detalles son, os lo aseguro, tan minuciosos que incluso quien no esté interesado en el Románico se quedaría encantado. He linkeado cada iglesia o convento a su entrada en Wikipedia (o similar) para quienes quieran más información. Sé que no es el medio idóneo, pero si puede ser un buen punto de partida.

La primera parada fue Vallespinoso de Aguilar donde se encuentra la iglesia de Santa Cecilia, de finales del siglo XII. En la guía se nos explica minuciosamente cada uno de los arcos y capiteles algo que es mucho más que una ayuda turística, es una total lección de arte, como las que me daba mi profesor ante mis entusiasmados ojos en mis años de estudiante. No exagero diciendo que esta pequeña iglesia, a la que pudimos acceder siguiendo las instrucciones de la puerta, fue la que más me gustó de todo lo que vería esos días. Es el recuerdo más grato porque quizás fue el primero. Es pequeñita pero llena de simbolismo y visitarla en soledad fue una experiencia única.

Seguimos hasta Santa Eufemia de Cozuelos que está situada en una finca privada, pero se puede visitar pagando entrada. Se ha convertido en un recinto para eventos, pero bienvenido sea si es para conservar semejante joya. Del siglo XII, solo se conserva la iglesia que perteneció a un covento que da nombre a la finca. Tienen página web y organizan interesantes eventos a los que merecería la pena asistir solo por estar a los pies de algo tan especial.

Lo pasional de la explicación dada por quien nos acompañaba en la visita, cuya corrección política brillaba por su ausencia (cosa que es siempre de agradecer), hizo que nos invadiera momentáneamente un espíritu combativo con el que liberar España de todos sus males pero, sin saber exactamente cual de los muchos que tiene tendríamos que afrontar primero.

No pudimos entrar en San Juan Bautista, en Moarves de Ojeda así que nos perdimos su magnifica pila bautismal, pero pudimos ver su espectacular fachada del románico final, entre los siglos XIII y XIV. (Espero que las fotos hagan justicia)

A unos 5 kilómetros se encuentra el Monasterio de Andrés de Arroyo, también del siglo XII y aún en activo. Muy recomendables, me cuentan que han arrasado con ellos a la oficina donde han llegado, los productos que venden las monjas que lo habitan y que son las encargadas de las gestiones de las visitas. Excepto en las gratuitas, los lunes, permiten hacer fotos siendo el claustro lo que más me impresionó.

Abandonamos Palencia para cruzar a Burgos y encontrar una de las fachadas con las que más nos entretuvimos. No mentía nuestra particular guía al mencionar como imprescindible el pórtico de la iglesia de San Julian y Sª Basilisa. Solo para mostrar el detalle con el que nos fue explicado y consciente de que lo que muestro solo sirve para hacerse una idea, por favor, mirad que forma de explicar las cosas:

Solo una cosa que añadir ¡Qué pórtico!

Llegando la hora de la comida, mis anfitriones (lectores de este blog y a los que estaré eternamente agradecido por este fin de semana) habían reservado en el El Convento, situado en el Monasterio de Santa María de Mave (Siglo XIII) y después de todo lo que habíamos visto ¿qué mejor lugar para comer que en un antiguo monasterio? La elección fue magnífica y la relación calidad precio también muy buena, recomiendo la carrillera que sigue una receta centenaria, se ve que además de estupendas iglesias, se comía estupendamente en aquellos siglos.

De vuelta a Aguilar de Campoo visitamos el Monasterio de Santa María la Real, que hoy alberga un instituto de secundaria. La reconstrucción en los años 80 auspiciada por la asociación de Amigos del Monasterio y dirigida por el arquitecto y dibujante de El País, José María Pérez González, Peridis, han permitido que esta maravilla pueda seguir en pie después de tantos siglos y, además, destinada a algo tan importante como la enseñanza.

Tras el intenso día cultural, pero sin ganas de descansar fuimos a tomar algo al Chili, un local desde el que pudimos ver el embalse de Aguilar que sufre, como otros en nuestro país, los estragos de la sequía. Al bajar otra visita obligada: La tienda de Gullón.

Con una facturación en torno a los 360 millones de euros, es el primer productor nacional del mercado de galletas y por eso mi extrañeza al ver como un sábado por la tarde, quien ha sido la máxima responsable de la empresa durante 36 años, María Teresa Rodríguez Sainz-Rozas, estaba despachando galletas como una empleada más, aunque con la orgullosa sonrisa de quien ha levantado un imperio. Tengo que decir que nos volvimos locos y que tengo provisiones hasta mayo de 2021.

¿Por la noche? Recomiendo salir de cañas y tomarse unas tapas por el pueblo, encontrareis buen vino y estupendas rabas en nuevos locales como Ultramar, o más clásicos, como me encantan a mí, como los VII linajes, en plena plaza del pueblo, punto final de un día esplendido.

Hay una segunda parte, mañana más.
Gracias por leerme.

One Reply to “Fin de semana palentino/1”

  1. Fantástico post Maxi, es un excelente resumen de un gran fin de semana vivido en compañía de tres grandes personas, incluido el excelso escritor de este blog! Nos encanta leerte. Un abrazo!

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