LAS ZAPATILLAS DE MAXI

Cuando hace justo un año empezaba a leer Los hermanos Karamazov de Fiódor Dostoyevski alguien dudaba de que me fuera a gustar semejante ladrillo. Un clásico de la literatura rusa (y universal) que fue ideado como una novela sobre los niños y la infancia y que trata sobre la vida de cuatro hermanos en la Rusia de finales del siglo XIX con un parricidio de telón de fondo.

Libro no, librazo en todos los sentidos.

Me ocupó un mes entero terminar las más de mil páginas de un relato denso en el que las disertaciones existencialistas tienen mucho peso. Otro amigo me dijo que era filosofía pura, no sé equivocaba, y es un libro que ha dejado huella en mí porque lo recuerdo, o lo veo en otros libros, constantemente. No había leído nunca novela rusa y Los hermanos Karamazov me ha hecho perder miedo a este tipo de literatura a la que hay que dedicar más tiempo y reflexiones. Crimen y Castigo, del mismo autor y Guerra y Paz de Tolstoi están ya en mi lista de pendientes.

La historia de estos cuatro hermanos ya fue llevada a las tablas por José Luis Collado y Gerardo Vera, los mismos responsables que estos días representan en el Teatro María Guerrero, sede del Centro Drámatico Nacional, su versión de El Idiota, del mismo autor. In-extremis, porque está todos los días a rebosar (lo que es una buenísima noticia para el teatro en general), conseguí una entrada para ver la obra el pasado jueves y no puedo estar más satisfecho.

El príncipe Myshkin es el último miembro de una familia noble. Padece de ataques de epilepsia de los ha sido tratado en Suiza, ataques que parecen haber afectado a sus capacidades mentales convirtiéndole, aparentemente, en un Idiota. En el tren que lo devuelve a Rusia conoce a un hombre que le hablará de una mujer que le cambiará la vida. Una vez allí, instalado con unos parientes lejanos, se verá envuelto en los frívolos conflictos de la sociedad burguesa Rusa del siglo XIX.

Mucho de lo visto en esta obra me recordaba a Los Hermanos Karamazov, no solo porque el personaje sea epiléptico, algo que sucedía con el bastardo Smerdiakov, ni porque otra vez sea una mujer de vida alegre la responsable de un conflicto sino principalmente por la blancura de un personaje en el medio del fango. Si Alekséi Fiódorovich Karamázov (Aliosha) el más pequeño de los hermanos era el héroe de la novela, un personaje cuya bondad chocaba con la mezquindad de los demás, en El Idiota, el Principe Myshkin es un hombre de pasiones extremas que pese a las burlas que es sometido, no guarda en él atisbo de venganza sino una inocente pureza que no le traerá más que problemas.

La bondad de ambos personajes, que el propio autor no entiende como perfectos, se confronta con la sociedad, particularmente la incipiente burguesía, de la Rusia de finales del siglo XIX. Los comportamientos liberales exportados de occidente son objeto de su feroz crítica. Defensor de las clases más desfavorecidas, en estas dos obras se le nota la inquina hacia clases más adineradas cuyos conflictos resultan banales comparados con el sufrimiento de quienes están más abajo.

Es loable el trabajo de adaptar 800 paginas de una novela en 2 horas de una obra de teatro que me pareció perfecta en todos los sentidos. La interpretación de Fernando Gil y de Marta Poveda, Myshkin y Nastasia ponen los pelos de punta. Es increíble el talento y el trabajo increíblemente físico que realizan. La escena de la casa de Nastasia, uno de los momentos álgidos de la obra, me dejó impresionado. Deben acabar agotados después de una función, nos lo dan absolutamente todo.

El Idiota de
Fernando Saiz de la Maza, Ricardo Joven, Yolanda Ulloa, Vicky Luengo, Fernando Gil, Marta Poveda, Jorge Kent, Abel Vitón y Alejandro Chaparro. 9 actorazos.

El resto del equipo está a su nivel, nueve actores en estado de gracia que han conseguido qué quien vea la obra, la recomiende. Y si el apartado interpretativo está de sobra cubierto, da gusto ver una obra tan bien montada. Un escenario al servicio de la historia, que no distrae, pero ayuda a su desarrollo y que la contextualiza en el momento en que se desarrolla, sin hacer experimentos ni actualizaciones innecesarias.

El teatro estaba a rebosar y me encantó compartir la función con un numeroso grupo de estudiantes, obviamente los mal llamado millenials, que apartaron sus móviles durante 2 horas y que a tenor de lo que comentaban fuera, habían quedado igual de satisfechos que yo. Si tenéis oportunidad os recomiendo ver alguna obra en este Teatro que además de ser precioso está en una de las mejores zonas de Madrid.

mas info: Centro Drámtico Nacional

¡Que viva siempre, siempre, siempre, el teatro!

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